Hola mis queridos lectores, en esta entrada os contaré cómo
ha sido mi llegada a Málaga y mi estancia en la misma. Durante todo el verano
he estado pendiente de las adjudicaciones de selectividad para entrar en la
carrera que quería. Como sabía que iba a ir a Málaga decidimos ir buscando piso
aquí, así que nos metimos en Internet y buscamos pisos en Málaga. Encontramos
tres que me gustaron mucho. El primero estaba a dos pasos de la universidad, pero
mis compañeros eran muy mayores. El segundo piso estaba a cuatro pasos, pero
pasaba lo mismo que con el anterior. Y el tercer piso de estudiantes que vi era
perfecto, en la mejor zona de Teatinos, comunicado, gigantesco, pero, qué
pasaba, estaban viviendo tres chicas, y claro, que se meta un cuarto que sea
chico, como que no pegaba. Así que me fui de Málaga sin casa.
Esa misma noche puse un tweet buscando piso aquí, y esa
misma noche, un chaval muy majo contestó. Se llamaba Ángel, estudiante de
periodismo aquí en Málaga. Me dijo que el piso estaba muy bien y que buscaban
compañeros de piso, me comentó cómo era y me encantó. Vinimos a verlo y quise
quedarme a vivir en él, además los dos chicos que estaban me habían caído muy
bien y, ¿qué más se podía pedir?
A mediados de septiembre, el diez a las doce de la noche fue
mi momento estelar. Me concedieron plaza para entrar en Psicología; de la
emoción del momento tuve que llorar. Con lo que esa misma mañana, mi padre y yo
cogimos el coche rumbo a Málaga, a matricularme. Llegamos sobre las nueve y
media o cosa así a la Facultad y había una cola enorme, en serio, había como
cincuenta personas haciendo cola. Yo cogí mi turno, como en la carnicería, y
esperé a que me tocase. Cuando entré a matricularme me pidieron infinidad de
cosas, foto, DNI, matrícula de bachillerato y demás. Oficialmente a las diez de
esa misma mañana era alumno de Psicología. ¡Lo conseguí! Pero, había un pequeño
problema, jeje, estaba por la tarde… Pregunté si podía cambiarme al turno de
mañana pero me dijeron que necesitaba unos requisitos bestiales, o bien ser
víctima de terrorismo o de malos tratos, deportista de élite, trabajador; en
definitiva, nada podía hacer yo para cambiarme. Pero bueno, no pasa nada.
Cuando me matriculé
fui corriendo al piso, que está al lado, vamos, a diez minutos andando, llamé a
la que en unas horas iba a ser mi casa y me abrió un chaval medio dormido, con
apuntes y como loco estudiando, él era Ángel. Entré en la casa y vi que tenía
la mesa llena de papeles de su carrera. Nos enseñó la casa y me asignó el
cuarto. Le invitamos a desayunar en la cafetería que tenemos justo debajo de la
casa y un rato más tarde se fue a seguir estudiando.
Por la mañana, aprovechamos mi padre y yo para visitar los
alrededores a mi casa, ambulatorio, supermercados, etc. A la una de la tarde
firmé el contrato y era oficialmente ¡dueño de una casa! Qué guay. Me encanta.
http://www.youtube.com/watch?v=CmIIVSZ67cM
