jueves, 4 de octubre de 2012

Mi vida en un maletero


Hola mis queridos lectores, en esta entrada os contaré cómo ha sido mi llegada a Málaga y mi estancia en la misma. Durante todo el verano he estado pendiente de las adjudicaciones de selectividad para entrar en la carrera que quería. Como sabía que iba a ir a Málaga decidimos ir buscando piso aquí, así que nos metimos en Internet y buscamos pisos en Málaga. Encontramos tres que me gustaron mucho. El primero estaba a dos pasos de la universidad, pero mis compañeros eran muy mayores. El segundo piso estaba a cuatro pasos, pero pasaba lo mismo que con el anterior. Y el tercer piso de estudiantes que vi era perfecto, en la mejor zona de Teatinos, comunicado, gigantesco, pero, qué pasaba, estaban viviendo tres chicas, y claro, que se meta un cuarto que sea chico, como que no pegaba. Así que me fui de Málaga sin casa.

Esa misma noche puse un tweet buscando piso aquí, y esa misma noche, un chaval muy majo contestó. Se llamaba Ángel, estudiante de periodismo aquí en Málaga. Me dijo que el piso estaba muy bien y que buscaban compañeros de piso, me comentó cómo era y me encantó. Vinimos a verlo y quise quedarme a vivir en él, además los dos chicos que estaban me habían caído muy bien y, ¿qué más se podía pedir?

A mediados de septiembre, el diez a las doce de la noche fue mi momento estelar. Me concedieron plaza para entrar en Psicología; de la emoción del momento tuve que llorar. Con lo que esa misma mañana, mi padre y yo cogimos el coche rumbo a Málaga, a matricularme. Llegamos sobre las nueve y media o cosa así a la Facultad y había una cola enorme, en serio, había como cincuenta personas haciendo cola. Yo cogí mi turno, como en la carnicería, y esperé a que me tocase. Cuando entré a matricularme me pidieron infinidad de cosas, foto, DNI, matrícula de bachillerato y demás. Oficialmente a las diez de esa misma mañana era alumno de Psicología. ¡Lo conseguí! Pero, había un pequeño problema, jeje, estaba por la tarde… Pregunté si podía cambiarme al turno de mañana pero me dijeron que necesitaba unos requisitos bestiales, o bien ser víctima de terrorismo o de malos tratos, deportista de élite, trabajador; en definitiva, nada podía hacer yo para cambiarme. Pero bueno, no pasa nada.

 Cuando me matriculé fui corriendo al piso, que está al lado, vamos, a diez minutos andando, llamé a la que en unas horas iba a ser mi casa y me abrió un chaval medio dormido, con apuntes y como loco estudiando, él era Ángel. Entré en la casa y vi que tenía la mesa llena de papeles de su carrera. Nos enseñó la casa y me asignó el cuarto. Le invitamos a desayunar en la cafetería que tenemos justo debajo de la casa y un rato más tarde se fue a seguir estudiando.
Por la mañana, aprovechamos mi padre y yo para visitar los alrededores a mi casa, ambulatorio, supermercados, etc. A la una de la tarde firmé el contrato y era oficialmente ¡dueño de una casa! Qué guay. Me encanta.

Estos últimos días han sido de despedida, preparar maletas, guardar cosas en el coche y comprar lo último que me faltase. Y bueno, ahora me encuentro solo, en mi casa, ya está todo limpio y ordenado, y bueh, aquí abajo enlazaré un video que he grabado esta mañana, de mi primer día aquí en la casa. ¡Un abrazo queridos lectores! =) 

http://www.youtube.com/watch?v=CmIIVSZ67cM